277.- ¿No podemos los catalanes decidir lo que nos pase por los cataplines?

Hoy escuchando a la invocación del Papa de Roma a no dar tanta importancia a lo material y a la belleza física, me he dado cuenta que son los que más quieren aparentar, los que menos se dan cuenta de ello. Porque que esto lo diga un pobre que vive en la calle y que lo más importante en su vida es que no le quiten las cuatro cajas que le cobijan del frío, se puede entender, pero que sea alguien que vive en un gran palacio, repleto de joyas y pinturas, no es muy “saludable”. Todo ello es un poco como aquel que recauda fondos para los desamparados, que se han quedado atrapados en un telesilla de Baqueira durante las fiestas navideñas, seguro que para muchos un despropósito de grandes dimensiones, pues quien vive de su ostentación también. Así ayer hablando con alguien de la capital española, no se daba cuenta y hasta incluso justificaba que el pescado de Madrid fuera más barato y bueno que el de las cofradías de Gijón, al parecer a pesar de tener de recorrer cientos de kilómetros en carretera para llegar hasta la capital, son más baratos en transporte y gasolina que sacar con las propias manos de un pescador, su mercancía de su barcaza para venderla directamente en el muelle del puerto donde reside. Son excentricidades de la capital española y que al parecer nadie quiere entender, así sabiendo que en Moscú todo es más caro por quedar muy lejos del mar, en Madrid muchos productos de primera necesidad son más baratos al estar subvencionados por el estado.

Es un poco como aquel despropósito de los dirigentes de la Comunidad Autónoma Madrileña, al proponer la capital como el centro de llegada de los grandes transatlánticos, que en vez de tener su base en Barcelona o cualquier puerto marítimo, lo tuvieran en el centro de España para así ellos encargarse de dirigir donde debían las compañías de recoger a los pasajeros. Obligando a esas empresas a hacer pasar todos sus turistas primero por la capital, para después distribuirlos a expensas de sus necesidades. Supongo que será el plan para una nueva empresa del estado, que debería controlar a cientos de kilómetros si la gasolinera del puerto de Palamós está o no servida de gasolina. Por suerte para la mayoría de ciudadanos españoles que no vivimos en Madrid, la UE se encarga de controlar que esas excentricidades españolas no lleguen a término.

Igualmente no deja de ser curiosa la percepción que se tiene desde España de la lengua catalana, te hablan de que es algo que no va con ellos, aunque vivan y trabajen en tierras catalanas, ellos no se bajan de su asno para continuar hablando su castellano obligatorio en todo el estado, se sienten conquistadores como si los catalanes tuviéramos que pedir perdón por hablar algo que para ellos es menor. Y esa percepción de superioridad existe, ellos la ven como normal, cómo algo habitual y a menudo son incapaces de decir una sola palabra en esa lengua de segunda. Lo más curioso de todo es que la alta sociedad catalana la usa como algo habitual, siendo el castellano a menudo una lengua residual que se habla con el servicio, las criadas y la cocina.

Así mientras nos encontramos con un Papa tan incapaz de aceptar sus bajezas morales, como un madrileño en aceptar que recibe subvenciones para vivir mejor, como en un castellano que es incapaz de aceptar el catalán como lengua de primera, viendo que todo el mundo va a su bola aunque con ello deban pisar al que tienen al lado, mi pregunta es: ¿No podemos los catalanes decidir lo que nos pase por los cataplines?

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