276.- ¿Somos los catalanes realmente españoles?

Imaginemos por un minuto, bueno especulemos, eso no, es completamente imposible, ciencia ficción, la realidad supera con creces lo puramente novelístico, pues eso, que un político tras llegar a la cima de su carrera como Carles Puigdemont, tras un año siendo el máximo responsable de la institución jamás soñada en los mejores de sus sueños, decide dejar de ser presidente de la Generalitat de Cataluña para volver a su maravillosa alcaldía de Girona, pues algo que en la mente de cualquier político castellano jamás llegaría a ocurrir, ha pasado con un catalán, algo parecido al paso a un lado de Artur Mas. Evidentemente en España algo así tras muchos años ya de democracia, a excepción de lo que hizo Adolfo Suarez, dimitir para dar paso a otro, es algo completamente imposible de asumir.

Los políticos instalados en Madrid, después de irse de su pueblo natal en tierras castellanas, saben con clara intencionalidad que jamás volverán al “pueblucho” de donde salieron. Eso sí, solo en casos de bodas de una hija para demostrar a los demás que el panadero ahora se desplaza en Porche y que sus herederos se relacionan con la alta sociedad. Pues no, en Cataluña otra vez diciendo a ese politiqueo que quiere vivir del cuento, sabemos demostrar que es posible salir para volver a tus raíces. Las personas a veces no se sienten bien queriendo siempre solo aparentar, dando a entender algo que no son, en su caso el presidente actual de la Generalitat, al menos a diferencia de esos de la CUP, se ha sabido poner en su sitio, para disfrazarse el tiempo que ha sido necesario con sus trajes y su indumentaria de alto copete, para demostrar que está a la altura de las circunstancias. Un personaje que cuando va a Francia, a diferencia de Rajoy, no necesita un traductor ya que se expresa con completa normalidad en francés y si es el caso de tener que hablar en inglés, es capaz de dar conferencias en esta lengua sin el más mínimo reparo. Y a pesar de demostrar a todos que está completamente preparado para tales “hazañas”, decide dejar la presidencia para volver si es posible a la alcaldía que en su tiempo dejó. Y no se trata de ser alcalde de una de las ciudades más importantes del mundo cómo Barcelona, sino para ser el responsable de una que está a las antípodas, un lugar bello y tranquilo, un sitio que se llena de gente solo durante las grandes celebraciones, pero que siempre vivirá a la sombra de la ciudad condal.

Pues esa manera de ser que para muchos catalanes no es extraña, dejar de ser presidente de una gran institución como la Generalitat de Cataluña sin más, él como gran personaje de la historia que será, decide dejar de trabajar en esa presidencia, para dedicarse a su mundano mundo de una alcaldía de “tercera”. Y lo he puesto entre paréntesis, porque no hay puestos de trabajo de primera, ni de segunda, ni de tercera, pero para muchos políticos castellanos dejar su puesto sería absolutamente deshonroso e imposible asumir.

Y volviendo a la pregunta que hice hace unos días, me pregunto: ¿Somos los catalanes realmente españoles?

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