227.- ¿Sabremos los catalanes vivir sin estos políticos españoles tan ladrones?

Para muchos españoles robar no está en el orden del día, siendo del todo imposible pensar en la posibilidad de ir a atracar un banco, aquella viejecita que se pasea por la calle o irse al parque del Retiro para ver si una mamá se olvida el bolso mientras está vigilando a su hijo. A mí no me enseñaron a coger el dinero de los demás y en la escuela se veía de mal gusto a aquellos que se dedicaban a sustraer bolígrafos u otros utensilios de clase de los demás. Esto ha hecho que a menudo mi confianza hacia los demás sea exagerada, pero lo mismo que me pasa a mí, sucede con la mayoría de los españoles. No desconfiando de todo el mundo y dejando pasar en casa a desconocidos, tampoco tenemos cosas de valor, ni cuadros de Picasso colgados por las paredes, pero nos dejamos llevar atraídos por sus palabras y sus modales, la cuestión final es que al poco los tienes en el salón tomándose una bebida.

Esto no es anormal, incluso por la calle, en unos jardines, en el metro, en la montaña y en los lugares más insospechados podemos llegar a realizar amistades con las personas más insospechadas posibles. Estos días en las playas nos podemos encontrar conversando tranquilamente con los vecinos de toalla, aquellos que tu sombrilla les tapa del sol o los otros que están paseando por el paseo marítimo con un perro parecido al vuestro. Todo ello hace que a veces nos encontremos hablando de intimidades con desconocidos y hasta incluso explicando cosas que no deberíamos contar. Pero es un momento de relax y estas conversaciones a veces se alargan, sin pensar que el otro te puede tomar la palabra en todo aquello que has dicho.

Y no se trata de ahora desconfiar de todo el mundo, ya que la confianza es la que nos permite vivir en sociedad, sin que tengamos miedo que los demás nos hagan daño, ya que siempre los peores son los de dentro en nuestro círculo familiar. La confianza en las personas hace que podamos pasear por las calles, dormir con las ventanas abiertas o hasta incluso dejar el dinero en lugares inapropiados. La mayoría de las veces no pasa nada y ello hace que los demás acabemos confiando en la buena fe.

Pero qué pasa con la política, todos esos que no dejarían entrar a un ladrón en casa, tras saber que ha robado millones de €uros, los votantes les dejamos hospedar en casa a ver si esta vez nos roban la cocina, el dormitorio o el piso entero. Esto es España, donde se acepta con honor que un político te robe, extorsione o viole tu intimidad. Yo no soy un español de esos que tras haber puesto las dos mejillas, los brazos, las piernas, la barriga, la espalda y todas las partes vistas y no vistas del cuerpo, todavía vuelve a votar a los más ladrones a ver si esta vez te azotan aquella parte que desconocías que existía. Y ante tal desgracia humana de españolización que solo los ladrones políticos saben cuál es la más buena, mi pregunta es: ¿Sabremos los catalanes vivir sin estos políticos españoles tan ladrones?

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