199.- ¿Cuántas mentiras necesitan los españoles para darse cuenta que los están engañando?

Ver para creer, si me hubieran hecho pensar hace años que la política española llegaría a los extremos actuales, nunca lo habría aceptado.  Escándalos, manipulaciones, robos, estafas y lo que le llamo #tergiversacioncastellana, un halstad de Twitter que representan todos aquellos valores que durante años esos políticos españoles nos han hecho creer como buenos y sanos para la sociedad. La mayoría de estos individuos están protegidos por ellos mismos con inmunidades diplomáticas porque si algún día van a juicio queden exentos de la justicia del pueblo. Son lo que muchos llamarían aristocracia de nuevos ricos, personajes que tras muchos codazos han conseguido llegar a lo más alto de los partidos políticos, muchos de ellos sin el más mínimo estudio universitario y por supuesto con una negación para las lenguas extranjeras que llega a extremos absolutos. De esta manera se consigue dar carteras ministeriales a individuos que no tienen ni la más remota idea de lo que están haciendo.

Cuando era pequeño mi madre me decía para que estudiara, que un arquitecto puede trabajar de albañil pero que un albañil no de arquitecto. Y España está llena de albañiles que se creen médicos, ingenieros y arquitectos que son los constructores de ese nuevo país dentro de la Unión Europea. Así cuando algo les sale al revés de lo pronosticado, se dedican a apedazar con el dinero de todos los españoles.

De esta manera esa clase política llena de ineptos y personajes de otra historia, se han convertido en los líderes de un país donde estos que mandan se creen que todos sus votantes son tan estúpidos como ellos. Así si un día en el Congreso de los Diputados entrase por casualidad un político de otro país hablando en inglés, a no ser de tener cascos traductores, tan solo un 10% de los reunidos entendería de lo que se está hablando. Ya no digamos que pasa si te encuentras al ministro de industria en un coctel de negocios, mejor háblale de restaurantes de Madrid, de los colegios de los niños o del piso que te has comprado enfrente del parque del Retiro, porque si por casualidad le sacas el tema del Brexit y su afectación en industria española lo más probable es que a media conversación cambie de interlocutor, para ponerse a hablar con la camarera que reparte los buñuelos de bacalao.

Todo esto nos lleva a encontrarnos personajes como Fernández Díaz que pesar de ser ingeniero industrial, se ve atrapado por conspirar contra los de su tierra. Un hombre que va cada día a misa, supernumerario del Opus Dei y se vanagloria en una de sus grabaciones de haber destruido la sanidad catalana. Imaginemos las miles de familias que han visto perder a un ser querido porque la sanidad catalana no se correspondía con la del resto de España, curaciones mal curadas,  enfermos que llegaron con una pequeña herida en una pierna que tras meses de espera aquello se ha convertido en algo más y muerte, o sencillamente a los muchos que les llaman para realizar una operación y los familiares les responden que susodicho individuo murió hace ya algunos meses. Todas esas muertes indirectas son fruto de un enfermo mental que trabaja de ministro y reza ante un Cruz arrodillado como si fuera el monaguillo de “Marcelino pan y vino”.  Lo peor de ese desastre de la democracia, es que ellos afirman que son la solución.

Y ante tal #tergiversacioncastellana mi pregunta es: ¿Cuántas mentiras necesitan los españoles para darse cuenta que los están engañando?

 

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