34.- ¿Quién nos miente respeto al cambio climático, los metereólogos y políticos, o las dichas populares antiguas?

Nunca he hecho un árbol geneológico de mi familia, pero si tuvieramos que mirar todas ramas, sería tan extenso que no cabría en la memoria de mi ordenador. Algunos creen que su apellido tuvo una connotación especial en la vida de los humanos, estudiando uno de los dos, que ante sus padres era uno de los cuatro, ante los abuelos, uno de los ocho y ante los bisabuelos uno de los dieciseis. Mirando unas cuantas generaciones atras llegaríamos a conseguir un centenar o más de apellidos para conseguir lo que somos ahora, esto significa que desde el monarca más aristócrata, hasta el obrero más sencillo, en ambos casos han tenido que llegar a miles de apellidos para llegar donde están ahora.

En mi caso una de esas ramificaciones que se va dividiendo en pequeños pedacitos de genes, por un tema familiar sabemos que la casa de campo de mi familia es nuestra desde antes del SX, al parecer era una antiguo molino de harina pegado al río. De esto ya no tenemos constancia porque tras miles de aguaceros, con grandes crecidas del afluente que pasa por aquella masia, no hay ni rastro de ninguna casa pegada al agua.

Mi abuela propietaria de la misma, tras pasar muchos años viendo crecer tomates, lechugas y patatas, también vió todo tipo de animales de corral, entre ellos las gallinas. Un dicho catalán antiguo dice: “Por la Candelera, ous a la carrera”, que su traducción más o menos literal sería: “Por la Candelaria, huevos a la carrera”. Para los metereólogos catalanes está expresión es tremenda y una falta de respeto al “Cambio climático”. Susodicha se usaba a unos treinta kilómetros de la ciudad de Barcelona hacia el interior, a medio camino de Manresa, en el Vallés Occidental, para ser más exactos en el municipio de Castellar del Vallés. Su significado sería que por la Candelaria, es decir, el 2 de febrero, las gallinas ya hacían un huevo diario. Ese tipo de animal es muy curioso, necesita temperaturas agradables para hacerlo, es decir que ante los extremos es imposible que ejerzan tal esfuerzo de producción, por tanto con temperaturas inferiores a los 15 grados de máxima con unas mínimas que no bajarían de los ocho, y en el otro extremo en pleno verano con calores superiores a los 30, su producción disminuye considerablemente, llegando a quedar parada por completo.

Yo siempre he vivido en la misma zona originaria de la familia de mi abuela, y llevo años teniendo gallinas, demostrando que esa expresión hoy en día es del todo inválida, porque por la Candelaria, el frío es tal que las gallinas si producen un huevo a la semana ya es un milagro. Supongo que hace años las temperaturas debían ser mucho más agradables y a mediados de enero las máximas ya superaban los quince grados centígrados de manera habitual y de esa manera, esos animales podían producir su huevo diario, el dos de febrero. Por tanto alguien no nos dice la verdad y mi pregunta es: ¿Quién nos miente respeto al cambio climático, los metereólogos y políticos, o las dichas populares antiguas?

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