6.- ¿Despedirán a todos los trabajadores de las CCAA para centrar todo el poder en Madrid?

Como si se tratara de un horáculo, José María Aznar ya tiene la solución a la ingobernabilidad de España sustituyendo a Rajoy por otro, afirmando que si éste no gobierna se tendrá que reemplazar al dinosaurio, vaya treta la que les espera. Todos ellos mienten más que hablan, te miran a los ojos para decirte que vivimos en el mejor país del mundo y los bajan para hablarte de corrupción, Cataluña y lo que realmente importa. Según los entendidos, bajar la mirada es síntoma de sentir vergüenza de uno mismo ya que con esa expresión, la cara se muestra inexpresiva como si estuviera leyendo el guión de una película de ciencia ficción. El expresidente, que hasta incluso sabe inglés, se mueve por el país como si fuera un rey del medievo, donde los demás se deben inclinar ante su presencia siendo una imagen reducida y decadente de España. La sociedad española parece empezar a despertar del letargo del franquismo y superados los cuarenta años desde la muerte del dictador, todavía sus decisiones generan terror evitando desenterrar aquellos que lucharon para que nunca existiera. Como si en las fosas comunes se pudieran encontrar tesoros y obras de arte contrarias al actual régimen, prohibiendo e invalidando jueces que aquellas atrocidades del pasado salgan a la luz, creando una especie de mártires que lucharon para que el dictador no llegara jamás al poder.  Los españoles no solo están hartos de corrupción, mentiras y verdades a medias, sino también de amenazas y advertencias como si los muertos pudieran levantarse saliendo de sus tumbas por querer ver quién hay en unas fosas comunas, existentes en todos los pueblos de la Península Ibérica.

Aznar, que todo el mundo sabe que fue el artífice de la desmesurada corrupción de su partido, con comisiones, tarjetas “black” y miles de millones que nadie sabe donde han ido a parar, ahora como si se tratara de la solución, intenta impedir que el voto de millones de españoles lleven a conseguir un nuevo presidente de gobierno, imponiendo unas líneas rojas imposibles de cruzar. Ante todo, la unidad de España, aunque esto signifique una ruptura social que haga que lo que se ha visto el 20D sea una burla de lo que se verá en unas próximas elecciones.

Rajoy no ha sido un presidente peor que Aznar, Zapatero, González o el mismísimo Suarez, sino otro en una larga lista de presidentes que irán presidiendo desde Madrid el gobierno de España. Todos esos presidentes han tenido en común la insensatez de querer desprestigiar a Cataluña, mientras que su antecesor puso todo su empeño en que fuera la fábrica de España. Dudo mucho que al dictador le gustara que el dinero de España se generara a miles de kilómetros de su casa, pero en eso tenía la visión que en algún lugar se tenía que “fabricar”. Él con el terror de su mandato impidió que los catalanes se rebotaran contra sus políticas, pero en el momento que murió empezaron a salir voces en contra y a favor de que los catalanes fueran algo más en la futura España.

La reestructuración empresarial ha llevado al despido de miles de trabajadores que ya no pueden hacer sus funciones de archivo, almacén, producción ni de contabilidad porque los ordenadores simplifican los trabajos empresariales haciendo que uno mismo pueda realizar el trabajo de muchos. Pero en Madrid, capital de España, y para muchos el motor de su economía tiene los mismos funcionarios que tenía el dictador sin la tecnología actual, consiguiendo sueldos y derroches para empleados que se pasan el día rascándose la barriga, muchos de ellos tenían el trabajo de archivo y contabilidad que ahora unos programas informáticos de primer orden sustituyen, pero como si aquella ciudad fuera el refugio de miles de desempleados, allí encuentran el trabajo para hacer lo que en el mundo empresarial nadie necesita. Y lo más curioso de todo es que en la época del dictador no había Comunidades Autónomas que gestionaran la mayor parte del trabajo de los ministerios, y estos se han convertido en grandes almacenes de trabajadores que duplican el trabajo que se hace desde Andalucía, Asturias o Canarias, eso si, sin querer perder su empleo ya que lo que ellos hacen es imprescindible para la gobernabilidad de España.

Y yo ahora me pregunto: ¿Seguirán despilfarrando millones de €uros en funcionarios que viven en Madrid para hacer trabajos ministeriales que duplican lo que se hace en las Comunidades Autónomas? O peor aún ¿Despedirán a todos los trabajadores de las CCAA para centrar todo el poder en Madrid?

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